domingo, 3 de diciembre de 2017

¿SABÍA USTED QUE A LA DIRIGENCIA COLOMBIANA NO LE INTERESA LA PAZ?



La razón es muy sencilla: ellos, la mayoría de los líderes políticos, herederos de quienes han detentado el poder por cerca de dos siglos, no entienden que la paz de una nación cada vez más depende del grado de desarrollo integral, equitativo y sustentable (DIES), un verdadero desarrollo a escala humana. Ellos han acusado a los sectores progresistas de ser los responsables de la violencia, sin reconocer el origen real en la inequidad y en la injusticia social. Por eso, aunque se hayan firmado y se firmen acuerdos con la(s) guerrilla(s), mientras subsistan las condiciones que generan el malestar y la descomposición social, otras formas de violencia continuarán.

En un momento de la historia en que el mundo entero requiere planes de reforestación, protección de la naturaleza, cambio de paradigmas en el modo de vivir y de consumir, recuperación de valores esenciales, solidaridad, acompañamiento de sectores vulnerables, liderazgo cultural y reinvención de los modelos de emulación social, es prioritario brindar a los jóvenes la oportunidad de protagonizar los cambios civilizados, para lograr incluso algo asombroso pero harto posible: que la proverbial abnegación de los jóvenes les permita ser ejemplares para una sociedad que nunca supo ser ejemplar con ellos.
El verdadero nombre de la paz es el título de una serie de columnas que el escritor William Ospina publicará en el periódico El Espectador. La primera (3 de Diciembre de 2017), de donde fue tomado el párrafo anterior,  coincide en el diario con el “homenaje a más de un centenar de líderes sociales asesinados durante 2017 por defender los intereses de sus comunidades frente a las mafias que aprovechan el posconflicto”. A un año de firmado el Acuerdo que le valió a Juan Manuel Santos el Premio Nobel de Paz en su versión 2016, no puede afirmarse que la paz haya sido un fracaso. El fracaso ha sido del Estado en su conjunto, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El primer componente no ha sabido, el segundo no ha querido y el tercero no ha podido estar a la altura de la responsabilidad histórica del momento. Es que los acuerdos son una amenaza para la dirigencia que ve disminuidos sus intereses en un verdadero escenario de paz con desarrollo. Ese desarrollo depende de la educación, la ciencia, la tecnología y las organizaciones que aprenden, como lo señalara la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo hace ya un cuarto de siglo.
La deuda histórica con el campesinado no se saldará, la imperiosa necesidad de una modernización en la educación y de reformas sustanciales en los regímenes político y judicial no podrán salir adelante mientras la dirigencia sea la misma. La esperanza para el cambio está puesta en las nuevas generaciones de colombianos, de ahí la importancia de diseñar, implementar y ejecutar un plan de educación a largo plazo que no solo dé cumplimiento a la ley, sino que tenga en cuenta  las nuevas condiciones en un escenario de reconciliación no solo entre nosotros sino también con la naturaleza, en un ambiente de desarrollo científico y tecnológico que depende a su vez de una educación de excelencia al alcance de todos. 
El proyecto «LABORATORIO DE SUMA PAZ» que hemos venido proponiendo, liderado por la Universiad Nacional de Colombia (UNC), sería un paso importante en la dirección de construir las condiciones que favorezcan el cambio. No cabe esperar que ese paso lo pueda dar el establecimiento. Tampoco ayudará la iniciativa privada no comprometida con la reconciliación. En medio de la polarización del país, la UNC como patrimonio de todos los colombianos es el escenario en donde los abrazos de paz son más sinceros y comprometidos.
Se hace necesario crer un gran movimiento social que  sepa aprovechar las fuerzas internas y externas que soplan a favor de la paz con desarrollo a pesar de los vientos en contra provocados por los enemigos del cambio hacia un desarrollo integral, equitativo y sustentable. El sector académico tiene la palabra sobre  cómo lograr lo que parece imposible: es un asunto estratégico.


«LABORATORIO DE SUMA PAZ»
PARA SUMARLE A LA PAZ CON DESARROLLO



El punto de partida es el PEAMA SUMAPAZ. Este PEAMA es diferente a todos los demás. Con un modesto comienzo, dependiendo por ahora de las becas que paga la Secretaría de Educación del Distrito Capital (SED), es quizá el más promisorio de los programas especiales de admisión si se logra integrar a toda la Región del Sumapaz. La región abarca una considerable extensión (16 municipios) del departamento de Cundinamarca y se prolonga a cuatro departamentos más. Otrora territorio de guerra, las reservas que contiene exigen una explotación racional de los recursos: un verdadero laboratorio de paz. Seguiremos insistiendo y avanzando sobre la propuesta.

 
   


sábado, 28 de octubre de 2017

«LABORATORIO DE SUMA PAZ», PARA SUMARLE A LA PAZ CON DESARROLLO

La paz en Colombia no se logra con un acuerdo; tampoco debemos resignarnos a aceptar que los intentos de las fuerzas opositoras por «hacer trizas» el acuerdo sean un punto final a esos esfuerzos, como no lo fue la perversa manipulación del plebiscito. Creo en la buena disposición de la FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) para cumplir lo acordado. Creo menos en la buena voluntad de los aparatos del Estado para el mismo fin.  Estoy de acuerdo con quienes denuncian al paramilitarismo como la mayor amenaza para la paz de Colombia. 
Estimula que fuerzas externas quieran acompañarnos en el camino de la reconciliación, el desarrollo y la paz. «Produce angustia comparar el lenguaje constructivo utilizado por la FARC y el ELN en su comunicado del 23 de octubre con el incendiario utilizado en los medios por políticos tradicionales». (Patricia Lara Salive, Comunicado ELN-FARC.) La reciente visita papal fue un espaldarazo a ese difícil proceso de transición de doscientos años de guerras intestinas al desarrollo en paz y armonía, armonía también con el planeta. 
Vienen como anillo al dedo las palabras de Cervantes citadas por nuestro primer Nobel, cuando envió a la ceremonia inaugural del Simposio Internacional: Hacia un nuevo contrato social en ciencia y tecnología para un desarrollo equitativo: "Todas las borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas...". (La Patria amada aunque distante.)
Complementa muy bien esa frase el párrafo final del comunicado referido atrás: «Por el bien de Colombia, afirmamos desde la Ciudad Alfaro, Montecristi, Ecuador, que ninguna dificultad –por grande que sea–, nos hará desfallecer en la conquista de la paz, construida sobre los cimientos de la equidad social, la soberanía, la verdad y la democracia, tal como lo recordó en su reciente visita el Papa cuando dijo al país: “La inequidad es la raíz de los males sociales”».
Sírvannos las palabras desarrollo, integralidad, equidad y sustentabilidad mejor que sostenibilidad, para formar un acrónimo que nos recuerde, salvo la ortografía, la óptima calificación de una tarea: DIES. Si aspiramos a un desarrollo que se de a escala humana (no confundir con el PIB, producto interno bruto), Desarrollo Integral, Equitativo y Sustentable (DIES), ese desarrollo  tiene que estar cimentado a su vez en una educación de excelencia, excelencia que presupone la ética, ética ausente en la corrupción campante, que impulse a su vez un desarrollo científico y tecnológico que sea amable con el planeta y que brinde a todos las mismas oportunidades
El FORO PERMANENTE DE CIENCIA Y EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO Y LA PAZ y las propuestas que elaboraron las comisiones académica y gestora de un Plan Nacional Decenal de  Educación (PNDE), de las que formaron parte varios integrantes del Foro, son un insumo valioso que el Gobierno, el Ejecutivo y el Legislativo (amén del Judicial) deberían tener en cuenta para ese DIES.
El Gobierno de Finlandia acaba de inaugurar su embajada en Colombia. Ellos quieren sumar sus esfuerzos a los nuestros en la construcción de la paz. Por mencionar solo algunos ejemplos, los países nórdicos, sumados a Canadá, organismos internacionales como la ONU y la OEA, el foro que acabamos de mencionar, al que pertenecen explícita o implícitamente academias y universidades prestigiosas y muchas otras instituciones y organizaciones, incluidas ONGs, personalidades de nuestra Alma Máter que han estado íntegramente comprometidas con el proceso de paz, acciones muchas de ellas lideradas por nuestra Universidad Nacional, Patrimonio de la Nación, todos ellos y todos sus esfuerzos le suman a la paz.
Por eso tiene sentido proponer un prototipo. Buinaima ha concebido el «LABORATORIO DE SUMA PAZ» para sumarle a la paz. Empieza en la Localidad del Sumapaz, una zona rural del Distrito Capital, en la que hace un año inició labores el PEAMA DEL SUMAPAZ (PEAMA: Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica). Se quiere extender, con el esfuerzo de todos, a toda la Región del Sumapaz, escenario de violencia por cerca o más de un siglo, y de ahí a toda Colombia.
Hacemos un llamado, en primer lugar a quienes pueden llamarse "Comunidad de la Nacho" en su Sesquicentenario: profesores, egresados, estudiantes, administrativos. La UN puede liderar consciente o inconscientemente un "Proceso de Suma Paz" en el Sumapaz, así como de alguna manera contribuyó involuntariamente a alimentar la utopía guerrillera. (Al tema nos referiremos en el conversatorio del 9 de noviembre en el auditorio de Ciencia y Tecnología, 6 p.m.)