jueves, 9 de junio de 2011

LA UNIVERSIDAD (Occidental) HA MUERTO. ¡VIVA LA UNIVERSIDAD (del Sur)!

Sin pretender que somos LA RAZA CÓSMICA,como diría José Vasconcelos, prestigioso rector de la UNAM a comienzos del siglo pasado, tenemos razones poderosas para argumentar que representamos la más rica combinación de diversidades biológicas, étnicas y culturales. Si la diversidad es la riqueza de la evolución biológica, con mayor razón lo mismo puede aplicarse a la evolución cultural.
En reciente artículo, publicado en la separata del periódico DESDE ABAJO No. 169, Guillermo Hoyos Vásquez nos recordaba que la universidad, la universidad de la Civilización Occidental, nació en Bolonia hace 10 siglos y allí mismo se decretó su sepultura hace una década. Es cierto. La universidad tradicional, esa que preservó por siglos y enriqueció durante un milenio la Cultura Occidental tiende a desaparecer. Pero no todo lo cultural es cultura procedente de occidente. También está el poniente y está el sur. El norte no es necesario mencionarlo porque ha sido el factor dominante en la civilización del presente. El poniente tuvo su auge; y de alguna manera una buena proporción, si no la mayor parte, se unió al norte. De tal suerte que no es descabellado pensar que el momento histórico brinde la oportunidad al sur, si lo sabemos aprovechar a nuestro favor.
Desde el Sur (todo el Sur, al sur del Río Bravo, al sur de Europa y en las regiones atrasadas del antiguo Lejano Oriente, lejano para nosotros) debemos rescatar
LA EDUCACIÓN COMO DERECHO
y el resto del mundo debe entender que nos empeñamos en construir
LAS SOCIEDADES DEL APRENDIZAJE,
porque las Sociedades del Conocimiento se han alejado cada vez más de nuestras posibilidades.
¿Qué tanto conocen las nuevas generaciones sobre el Movimiento de Córdoba? A lo mejor la mayoría no sabe que se trata de un lugar y se hace referencia a un movimiento surgido en Argentina hace ya un siglo, el cual se extendió a todo el subcontinente. (Estados Unidos y Canadá se autoexcluyeron.)
“Si quieren imitar a Europa, imítenla en su originalidad”, repetía a sus contemporáneos, Simón Rodríguez, el genial profesor del Libertador Simón Bolívar. Debemos, pues, ser originales.
Señora ministra, señor viceministro: la universidad que queremos para la Generación de los Bicentenarios (así ha denominado, ignoro si hipócritamente, la unión virtual de países iberoamericanos a nuestra juventud) no es la que nos impongan las naciones que subyugaron a las nuestrasa desde el "descubrimiento" de América. Si los europeos decretaron la muerte para su universidad, proclamemos el nacimiento de la universidad panamericana, sin la intervención descarada de los hermanos del norte, pero sin excluir a nadie, tampoco a los europeos o a los países avanzados de occidente, siempre y cuando respeten nuestra autonomía y el derecho que tenemos a imaginar que
otro mundo es posible.

Construyámoslo despacio, pues queremos que quede bien hecho.