domingo, 26 de junio de 2016

LA PAZ AL FINAL DEL TUNEL: preparémonos para iniciar una gran marcha, de muchos años y de muchos cambios

Ahora que el Gobierno Nacional (Fuerzas Armadas) y las FARC - EP han llegado a un acuerdo sobre

 Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y Dejación de Armas

y otros acuerdos sobre
“Garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”
y Refrendación, Comunicado Conjunto #76 aceptando que no hay vencedores ni vencidos (el acuerdo incluye medidas complementarias), todo parecería indicar que el terreno de juego es para la población civil.
El asunto no es tan sencillo, pero se ha dado un paso formidable, al menos para poner fin a la guerra. No es mi interés examinar las dificultades a vencer por parte del Gobierno y las FARC-EP para que el pacto de no hostilidades se cumpla. Hay otros compromisos y se formaron comisiones verificadoras del cumplimiento de los pactos. El camino hacia la paz es largo y tortuoso.
El primer escollo a vencer es el plebiscito que refrendará los acuerdos. Alrededor del mismo, la tarea prioritaria es una pedagogía de paz para convencer a la población civil de lo que se gana con el fin de la guerra. Tal vez esta frase nos ayude a cumplir esa tarea pedagógica:


"Si hubo una guerra, todos delinquieron, todos cometieron crímenes, todos profanaron la condición humana, todos se envilecieron. Y la sombra de esa profanación y de esa vileza cae sobre la sociedad entera, por acción, por omisión, por haber visto, por haber callado, por haber cerrado los oídos, por haber cerrado los ojos." Creo que esta sentencia de William Ospina va en orden con lo que pensaba Bertold Brecht para otras circunstancias dolorosas que hubo (y habrá) que afrontar frente a regímenes totalitarios. De paso nos prepara para una pedagogía de paz, aceptando nuestra parte de culpa. Ello no exime a los que fueron los máximos responsables, aunque sí ayuda a preparar el camino para la reparación.
Pero la educación y la pedagogía tienen que ir mucho más lejos. Habrá que ofrecer oportunidades para una educación en la práctica de la paz a los combatientes de todas las vertientes. Ese es apenas el comienzo de la tarea educadora. No solo en el campo: Bogotá y las ciudades intermedias tendrán que participar para contribuir al proceso de "reeducación".
Víctima de la violencia desde mi primera infancia, durante años he esperado este momento, oportunidad para Colombia que llega a mis 70. En los últimos tiempos he reflexionado sobre el papel de la educación en el largo proceso de construcción de la paz. Estas son algunas de mis conclusiones:
  1. A pesar de los horrores de la guerra, es más fácil volver a ella que perseverar en la paz. De ahí se concluye que hay un gran peligro latente.
  2. La clase dirigente, varias veces revestida de redentora, no ha vivido ni padecido esos horrores. De ahí su falta de compromiso real con la construcción de la paz.
  3. A pesar de las evidencias en contra, es fácil hacer creer a la población que la culpa la tenemos nosotros y no nuestros dirigentes. Pero ellos son los máximos responsables.
  4. Volver a la guerra no arreglará nuestras penas. Es necesario un cambio de liderazgo.
¿Y qué tienen que ver la educación y la pedagogía con esto? Mucho; en realidad, todo. Puede decirse que La riqueza de las naciones (Adam Smith) ha sido sustituida por La educación encierra un tesoro (UNESCO). A este asunto volveremos luego.
Pero hay algo que desde ya se debe destacar: es el papel de la Academia, en términos generales, de la Universidad Nacional de Colombia, en particular, sobre la construcción de la paz.
El paso que se ha dado en la ampliación del PEAMA a Bogotá, en sus zonas aledañas, es de gran importancia. Pero hay que implementarlo, y en mi siguiente blog sugiero cómo hacerlo.