domingo, 16 de octubre de 2016

¡HÁGASE LA PAZ! Sumados el SÍ ansioso y el NO razonado, con los incrédulos y los apáticos, los creyentes y los que solo tenemos esperanza... (ni Uribe ni Santos)

¡¡¡SOMOS 90 % ... O MÁS!!! (PODEMOS DECIDIR)
Se podrá decir que la confusión de género fue responsable del resultado del 02 10, y en parte puede ser verdad, pero la batalla por el SÍ INCONSULTO (impuesto) ya estaba perdida aunque se hubiera ganado por estrecho margen. ¡Ganó la abstención una vez más! Algunos pastores, como lo reconoce Monseñor Luis Augusto Castro, fueron nuevamente víctimas de los lobos vestidos con piel de oveja, mas eso es irrelevante para un país que desde hace más de un siglo ha sido movilizado con trampas y mentiras.
La movilización de todos los sectores a favor de la paz indica a las claras que quienes queremos la paz somos más del noventa y cinco por ciento de la población. No nos neguemos esa oportunidad única en la historia de Colombia desde su independencia política lograda tras la Batalla de Boyacá. No importa cómo se haga ni cuánto tardemos en construirla (pero hagámoslo pronto, ¡el tiempo apremia!), lo importante es que casi todos, con contadas excepciones, estamos por ella. Nunca antes Colombia entera había estado tan unida alrededor de un solo propósito.
A pesar de lo aparentemente complejo y de la confusión reinante, el análisis de lo que pasó el 02 10 es muy sencillo, no cae dentro de las ciencias de la complejidad. William Ospina lo explica en términos muy simples:
El 2 de octubre las mayorías se negaron a creerle a las ilusiones del Sí y a las confusiones del No. Santos pudo haber logrado una mayoría abrumadora: pero su desconfianza de la gente hizo que la comunidad nunca fuera convocada más que a ser testigo lejano y aplaudir los acuerdos. Pero la paz es de la gente y sólo puede construirse con la gente. Las ilusiones llenas de secretos terminan en lágrimas.
Los resultados dejan también una enseñanza que deberíamos asimilar. Se dio un NO a Santos, y pretenden mostrarlo como un SÍ a Uribe: un nuevo engaño. Agrega Ospina:
La historia nos está enviando un mensaje: “Olvídense de Santos y de Uribe, olvídense de esa clase política que en tantas décadas no ha sido capaz de arreglar el país, que al contrario ha abusado de su confianza y de su esperanza, esa clase política que ahora forcejea, cuando podríamos estar a las puertas de la reconciliación, mirándose con odio, contagiando ese odio, preocupada sólo por saber quién se va a quedar con el tesoro”.
La conclusión es obvia. La pongo en mi lenguaje: exijamos que se sienten todos a la mesa, pero que no decidan por nosotros. ¡QUEREMOS LA PAZ AHORA! Devuelvan a los campesinos la tierra para que la trabajen. Garanticen a todos los niños una educación de calidad para que nunca más sean reclutados por los actores de la guerra. Den garantías a todos los guerreros de los diferentes bandos para que encuentren otras fuentes de empleo que no sean la guerra y el narcotráfico o la delincuencia común. Entonces sí podemos pensar en un país en paz, con ayuda de la ciencia, de la tecnología y, por qué no, de la verdadera innovación. Pero para lograrlo, es indispensable una educación de excelencia para todos y todas. Ese debe ser el propósito del PLAN NACIONAL DECENAL DE EDUCACIÓN 2017-2026, PARA CONSTRUIR LA VERDADERA PAZ.
Y para evitar otro engaño, que se sumaría al "denunciado" por Vélez Uribe, examinen la vieja y nueva treta señalada acertadamente por León Valencia. ¡No más pactos a puerta cerrada entre las élites que han manejado el país!

sábado, 8 de octubre de 2016

LA PAZ AMADA, AUNQUE DISTANTE. Para una larga jornada...

...dar el primer paso es fundamental.
Todos queremos la paz, mas es preciso reconocer que la educación es el primer paso para no repetir la historia de violencia y corrupción que alimentan la pobreza, la inequidad, la injusticia y la ignorancia, aunadas a la depredación. En una publicación de Semana cuyo espíritu comparto, se imputa el triunfo del NO al fracaso de la educación colombiana. Dice el autor (Julián de Zubiría) en el primer párrafo:


"Un país en el que 3 de cada mil personas saben leer de manera crítica no se mueve por las ideas, sino por emociones primarias como el miedo, la ira o la venganza. Un país en el que la mitad de los jóvenes que viven en zonas de conflicto dicen que atropellarían a los demás si eso les produce beneficios muy difícilmente logrará reconstruir el tejido social y la confianza. La oposición comprendió a cabalidad estas ideas tan sencillas en la pasada contienda del 2 de octubre en torno a la paz y para sacar a flote esas emociones primarias construyó una argumentación elemental basada esencialmente en tres falacias. ..."

La primera afirmación es controvertible: muchas de nuestras poblaciones más vulnerables no leen de manera crítica, pero es indudable que no las mueve la ira o la venganza, aunque sí actuarán por miedo al capataz o al gamonal de turno o a la autoridad, legítima o no, que le imponga su punto de vista. Esas han sido las principales víctimas de la violencia casi centenaria, si se incluye la bipartidista que dio origen a las FARC. A pesar de eso, fue la población más favorable al perdón durante la controvertida consulta. La segunda afirmación describe mejor a la población citadina, fácilmente proclive al arrebato irreflexivo, más que a la campesina. Lo de las 3 falacias, particularmente 2 (Colombia en manos del castrochavismo y ausencia de una guerra civil, ¡qué cinismo!) es bastante cierto, pero quizá valga la pena tener en cuenta otras falacias, como las que expresa en la misma revista el politólogo y sociólogo Ariel Ávila, particularmente la ideología de género, una tergiversación del escándalo en el MEN que probablemente provocó algunos de los millones de votos por el NO. Esta es su conclusión:
"En últimas ellos (Uribe y Ordóñez) prometieron una renegociación sabiendo que era imposible y ahora lo que les queda es dilatar y ganar tiempo, manteniendo el caos político hasta el 2018, año en el que ellos aspirar a ganar las elecciones de nuevo."
Lo cierto es que ahora los victoriosos del plebiscito no proponen alternativas que sean viables para ambas partes. Esto nos lleva otra vez al punto de partida.  
No es mi interés entrar hoy en los detalles, pero es evidente que una población bien informada no puede caer en los engaños de los promotores del NO. Ahora bien, la información no es suficiente, se requiere formación y también conocimiento. Explicar el alcance de los acuerdos a una población mal informada, con poca formación y escaso conocimiento es tarea difícil.
El problema de la educación puede ser el origen de los graves flagelos que afligen a nuestra nación. La meta para el 2025, Colombia la más educada, no solo es una utopía, es un distractor. Como reto está bien, pero un cambio generacional, que es lo mínimo indispensable, no se logra en 8 años. Una consulta seria no se ha hecho para al menos  formular el próximo PLAN DECENAL DE EDUCACIÓN, a lo cual está obligado el Gobierno por ley, para dar continuidad al anterior. Si se hace debidamente, ya estaremos en 2017, justo el año del sesquicentenario de la creación de la Universidad Nacional de Colombia, a dos años de celebrar el Bicentenario de la Batalla de Boyacá. Sentar los pilares de una paz estable, exige pensar en un desarrollo humano que sea a la vez integral, equitativo y sustentable, como lo hemos repetido en diversas ocasiones y como lo propuso y argumentó la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo hace casi un cuarto de siglo.


Si la educación llegara a donde debe estar, no solo tendríamos la oportunidad de disfrutar de otros premios Nobel, como ha ocurrido con los países nórdicos, o incluso países asiáticos que hace apenas medio siglo eran más atrasados que el nuestro. Y no solo en literatura o paz, a lo mejor también en física, química, fisiología... o por lo menos en economía. No nos hagamos ilusiones: el primer paso para lograr la paz es la formación en valores. A eso le hemos llamado, en concordancia con las recomendaciones de La Misión, Conformar un nuevo «ethos» cultural, que genere nuevas formas de pensar, sentir y actuar. Mas debe quedar claro que ese es solo el primer paso y no será suficiente para el desarrollo que el país requiere en la época de las sociedades del conocimiento, en la era de la información.

¡Nos espera una larga jornada para construir la paz!
Otorgar el Premio Nobel no ha sido más que un guiño, favorecido por la comunidad internacional, un modesto pero significativo empujón. Y la Universidad Nacional de Colombia en su sesquicentenario es el andamiaje imprescindible para la gran marcha. 

domingo, 2 de octubre de 2016

GANÓ EL NO, GANÓ LA DEMOCRACIA.

¿Qué podemos decir los que estuvimos por el SÍ? Que aceptamos la derrota.
Quisiera pensar que muchos votaron con rabia contra las FARC.
Quisiera creer que muchos votaron NO, por ignorancia.
Hubo muchos que votaron motivados por mentiras.

Quisiera comprender la enorme abstención.
Quisiera entender que muchos votaron con temor.

Y aunque no la comparta, respeto la posición
de quienes fundamentaron con argumentos su NO.

Solo queda un camino que nos saque del laberinto:
darnos un gran abrazo y entender en qué  hemos fallado
para que la polarización prime sobre la razón.
BUSQUEMOS AFANOSAMENTE LA PAZ!