domingo, 17 de enero de 2010

MÁS BICENTENARIOS Y CÓMO APROVECHARLOS

La relectura (no basta con la lectura) de las columnas (son varias; me limito a citar la última) del Maestro (ante todo poeta) Ospina (http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/william-ospina/columna182424-haiti-el-ano-del-bicentenario), del profesor García Villegas (http://www.elespectador.com/columna182367-reduccion-al-absurdo) y de otros serios PENSADORES (no son solo opinadores; por hoy no cito más para que no se diga que estoy haciendo cerril oposición) se encuentra material para predecir algunas de las tragedias que nos esperan, de seguir con el laissez faire que nos ha caracterizado en estos 200 años de vida republicana. Haití, el primer hermano latinoamericano en declarar su independencia es un claro ejemplo. No es, por supuesto, el pacto con el diablo de que le acusara el reverendo Pat Robertson la causa de la tragedia que hoy nos duele y conmueve a todos. Más que el intenso sismo, fue la falta de preparación para un evento natural como éste. Pero las tragedias de los pueblos no son solamente las que causa la naturaleza directamente, en ocasiones con ayuda del sapiens sapiens. Es la combinación de mal manejo político, científico y técnico, por no decir humano, lo que da como resultado efectos que bien podrían haberse evitado o por lo menos disminuido en sus consecuencias desastrosas, de haberse medianamente previsto. Es lo mismo en economía, medio ambiente, desarrollo y relaciones sociales, etc. La violencia, la corrupción, la injusticia e inequidad y todos los otros males tantas veces señalados, la ausencia de respeto por el otro, por los otros, por la nave espacial Tierra como un todo y por sus tripulantes, en particular los seres vivos de todas las especies, el deterioro de normas mínimas de convivencia lo que origina holocaustos masivos, evitables por cierto.

Aprovechemos las enseñanzas de la historia y de la geografía, las reflexiones derivadas de la filosofía, de las ciencias humanas, sociales y naturales, de las puras y de las aplicadas, llámense duras, menos duras o blandas, de las de la salud física y espiritual, de la creatividad artística, la potencial riqueza de la interculturalidad, pocas veces aprovechada, y la que proviene de la rica biodiversidad y del enorme talento que podemos cultivar, desarrollar y potenciar en las nuevas generacionees de colombianos para trazar nuestro propio destino sin permitir que otros se apropien del derecho a decidir lo que más nos conviene. Eso es forjar un nuevo ethos cultural.

Gracias, William Ospina y demás columnistas serios, por ese examen minucioso de la historia, de nuestra historia y por sus advertencias sobre tragedias anunciadas. Los bicentenarios, porque son varios, hay que mirarlos con el telescopio puesto hacia el pasado y con el microscopio más poderoso hacia el futuro. Las tragedias de nuestros pueblos también nos recuerdan la fraternidad en los ideales bolivarianos y nos deben hermanar en los retos de la globalidad, el ingreso a las mal denominadas sociedad del conocimiento y era de la información.

Como ocurrió con Duvalier, muchos de los que han pretendido ser guias mesiánicos han terminado siendo los dictadores más oprobiosos. Así fue en el pasado y seguirá ocurriendo en el futuro mientras sus discursos no sean coherentes y no estén acompañados de los hechos, del respeto a los derechos y del acata a las normas. La mejor forma de celebrar los bicentenarios es reflexionando sobre lo que ocurrió en el pasado,sobre lo que nos espera y sobre lo que podemos prevenir en el futuro.

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