miércoles, 10 de marzo de 2010

Raúl Cuero, figura del nuevo renacimiento

¿Qué tienen en común Fernando Vallejo y Raúl Cuero? No mucho, salvo que los dos, colombianos en la diáspora, el uno en México, el otro en Estados Unidos, desde muy diversos ángulos, han contribuido al renacimiento latinoamericano. Cuero es un hacedor del renacer, con sus parques de la creatividad. Cuenta con 15 invenciones patentadas de impacto mundial y tiene otras en proceso, aparte de un gran número de publicaciones de gran relevancia científica en su campo. La distinción que hace poco le otorgara la Universidad de Antioquia como Colombiano ejemplar en ciencia y tecnología me hace pensar que, a pesar de ese y otros reconocimientos nacionales, su trabajo ha sido más valorado en el exterior. (Véase la nota en http://almamater.udea.edu.co/periodico/sc-inv585-01.htm). Vallejo recibió el año pasado de la Universidad Nacional el doctorado honoris causa por el conjunto de su obra literaria. En opinión de Jacques Joset, crítico europeo, Vallejo está en la cumbre en la literatura universal. Pero su obra no ha sido tal vez suficientemente apreciada en Colombia, fruto de la intolerancia a la que ataca frontalmente.
En el bullicio de las campañas y las elecciones parlamentarias, cuando se elige en el año del primer bicentenario un congreso, seguramente como el anterior, nada admirable, se ahogó la noticia que Buinaima hubiera querido destacar, si se piensa en la Colombia del futuro con motivo de los bicentenarios 2010-2019: Cuero es ejemplar en ciencia, tecnología, humanismo y deporte. Es una fortuna que su talento hubiera podido desarrollarse para beneficio de todos, a pesar de las tremendas dificultades de todo tipo que tuvo que sortear, en especial las de la discriminación racial, aún viva, y las económicas. Sirva la siguiente anécdota para encuadrar su personalidad. Cuando mis amigos compatriotas de la diáspora en México me pidieron, hace ya cuatro años, que por favor acompañara al Dr. Raúl Cuero desde México D.F. hasta Querétaro, en donde continuaría su periplo de conferencias sobre la creatividad, lo hice complacido, pero ocurrió por simple coincidencia: yo también iba para la capital del Estado del mismo nombre, aunque a desarrollar una actividad académica distinta a la suya. Al reconocerlo ipso facto en el aeropuerto Benito Juárez, de acuerdo con la descripción que de él me habían hecho telefónicamente, estupefacto ante su descomunal estatura, recordé al basquetbolista Cuero que hacia 1966-7 conocí fugazmente en el campus de nuestra Ciudad Universitaria. La charla de más de dos horas que duró el trayecto fue muy variada, amena y amistosa. Al final le dije: "Raúl, tú te pareces a un basquetbolista con tu apellido que yo conocí" en tales y cuales circunstancias. Enfáticamente me dijo que no tenía nada que ver con esa persona. Pero al día siguiente, casi al final de su magistral conferencia, durante la cual narró muchos detalles de su casi inverosímil historia de vida, me espetó: "Jairo, no ha habido en la historia del basquetbol otro Cuero que jugara como yo."
Esta es solo una de las mil anécdotas, la menos relevante para el caso, de las maravillosas que se pueden narrar sobre este inventor, científico, humanista y deportista (filósofo y jazzófilo), personaje que empiezo a admirar aun más que al prototipo de todos los físicos desde hace ya un siglo, Albert Einstein, a quien algunos en ocasiones confundieron con un violinista, por sus frecuentes participaciones en conciertos, o con un filósofo, dada su cercanía a Bertrand Russell y a sus ensayos sobre filosofía práctica. A Cuero, más versátil que Einstein, se le puede asociar con todo tipo de talento. Pero sus dones más admirables desde un punto de vista humano son: su sencillez, su disposición a escuchar, su sutil escrutinio de la realidad social y, sobre todo, su interés en apoyar todo tipo de esfuerzo intelectual de adolescentes y jóvenes. Los Parques de la Creatividad que ha forjado en cuatro continentes son una prueba fehaciente de que Cuero, a diferencia de la mayoría de nuestros políticos, no se limita a hablar o a escribir: hace. Su libro Entre el triunfo y la supervivencia lo dedica "a todos mis mentores, quienes instalaron en mí el apetito por lo desconocido y la confianza para hacer el big bang de la creatividad. Igualmente a todos los jóvenes del mundo, quienes materializarán el resto de mis sueños." (Resaltado por mí.) Dejo para otra ocasión referirme a algunas actividades con las cuales ha apoyado en la práctica nuestro Programa de Inclusión y Talento.
Triunfo y supervivencia no es lo mismo, nos explica. Lo segundo es de mayor relevancia. Encontrar estrategias de supervivencia es propio de una especie o grupo. Yo agrego, complementando una famosa frase de Einstein, según la cual la imaginación es más importante que el conocimiento: en la supervivencia de la especie humana se pone en juego el talento, el ingenio y la creatividad, los viejos T•I•C que caracterizan a los miembros del grupo. Todos los niños y las niñas traen incorporadas tan maravillosas características. La escuela y los medios generalmente las echan a perder. Las pregonadas nuevas t.i.c., tecnologías de la información y la comunicación, son solo una herramienta; la información de fondo está en aquellas. Conocimiento y sabiduría no son equivalentes. (Véase el blog del 8 de marzo.)
Cuero, miembro distinguido de Buinaima, fundador y director de los Parques de la Creatividad, nació en la Buenaventura atrasada de fines de los 40 (sigue siéndolo), donde alrededor del 50 % de los niños morían de "tuberculosis, malaria, enfermedades virales, bacteriales y fungosas", mismas que "estuvieron por matarme en varias oportunidades siendo niño." Sin que en su libro utilice la palabra resiliencia, es seguramente un buen ejemplar del campo, con la diferencia de que su niñez fue de todos modos feliz, pues todos los niños eran pobres en su tierra natal... y la mayor parte morían analfabetas. Decir que es de raza negra sería un pleonasmo. Sus juguetes de infancia, dice orgulloso, fueron las lagartijas y las cucarachas. Observando su comportamiento fue naciendo en él la vocación y la pasión por indagar y el disfrute del descubrimiento científico.
Su libro, en el que narra sus experiencias y expone muchas de sus reflexiones, tiene un capítulo que debería titularse El renacimiento latinoamericano. Vale la pena tenerlo en cuenta cuando se quiera de verdad examinar a fondo la educación que debemos impartir a nuestra juventud, si aspiramos a salir del subdesarrollo. Destaco por ahora estas líneas, mientras puedo en este mismo espacio hacer una reflexión sobre ese renacer: "Latinoamérica es ampliamente reconocida como una de las principales reservas biológicas del mundo. La localización beneficiosa de la región y la geografía han ayudado a fomentar un nivel de biodiversidad cada vez más difícil de encontrar en estos tiempos. Las infuencias de las tres raíces (étnicas), eurocaucásica, afro-negra e indio-mongol, son portadas hoy en los genes de todos los latinoamericanos... es el único lugar del mundo en el cual coexisten el clima tropical, frío y templado... Las infinitas interacciones abiertas de los animales, las plantas y los microorganismos, así como también el cruce de razas y de especies que se lleva a cabo constantemente, permiten uno de los procesos naturales más acelerados de selección en el mundo... A veces algunos africanos e indígenas natales, con el objeto de ser reconocidos en la sociedad latinoamericana, tratan de convertirse en políticos locales, esperando así ocupar una posición nacional destacada." Se refiere Cuero a la frustración resultante en la mayoría de los casos, un resultado que merece profundos análisis y reflexiones. Un replanteamiento autóctono del papel de la educación en nuestro medio es el comienzo de la solución y del renacimiento, la conformación del nuevo ethos cultural a que aspira Buinaima.

A pesar de los representantes responsables y comprometidos socialmente que pudieron elegirse en estas elecciones parlamentarias, el escepticismo ha sido la nota común en casi todas las columnas de opinión: no es para menos. Mietras se adquiere una conciencia político-social suficiente para elegir un congreso admirable, vale la pena destacar este año personajes que, como Cuero, deberían llenarnos de orgullo a todos los colombianos durante la primera celebración bicentenaria. En el periódico Alma Máter (nota citada) le dedicaron dos páginas, mientras la casi totalidad del periódico estaba repleta de las frases de campaña de quienes dicen estar comprometidos con la educación pública de calidad. Reconociendo la importancia del debate y la necesidad de escuchar todas las opiniones, es bueno recordarle a los candidatos que en personalidades como Cuero tenemos a quienes no dicen: hacen.

1 comentario:

  1. Gracias por el artículo y felicitaciones por el trabajo que realizan. Muy reconfortante.
    Casos como el que comentan y trabajos como el de ustedes realizan estimulan y permiten sostener y avivar la esperanza. Creo que, en efecto, - como dice el Dr Cuero- el "...replanteamiento autóctono del papel de la educación en nuestro medio es el comienzo de la solución y del renacimiento..."

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