lunes, 18 de noviembre de 2013

CONVIVENCIA EN LA DIFERENCIA, LA CLAVE

Para la marginada mayoría  de la población colombiana, los "Diálogos de Paz" en La Habana, Cuba, son de poca trascendencia o se dan en medio de la guerra; en los círculos de intelectuales prima el escepticismo y en los políticos la polarización. Quizá no sea elucubración imaginar que el supuesto atentado al jefe del "Puro Centro Democrático" y al fiscal general de la Nación haya sido eso, como sugieren algunos columnistas. Así, pues, los indiferentes y los enemigos de las negociaciones con las FARC pueden sumar una aplastante mayoría. No obstante, es un hecho que el manejo dado al tema decide en gran medida el resultado de las próximas elecciones presidenciales.
Contra todo escepticismo, los diálogos siguen, y lo menos que cabe desear es que terminen sin que conduzcan al menos a avizorar una luz al final del túnel.  El paramilitarismo fue una de las reacciones del aparato reproductor del sistema y el narcotráfico se nutrió de esos dos ejércitos. Son muchas las decenas (¿centenas?) de billones de pesos que estas 3 desgarradoras guerras han costado a los colombianos. Si un 10 % de los recursos que demanda mantenerlas se destinara a la educación, podría cambiar el panorama futuro de Colombia, su competitividad y, sobre todo, el ethos cultural, las formas de pensar y de actuar, las posibilidades de desarrollar la ciencia, la tecnología y la innovación para ponerlas al servicio social. Un modesto 1 % o menos invertido en la reconstrucción y modernización del Campus de la antigua Ciudad Blanca, que ya no lo es tanto, resolvería una de las crisis por las que atraviesa nuestra Alma Máter. 
En el siglo XXI, de las supuestas sociedades del conocimiento, la paz es convivencia y prerrequisito para un desarrollo a escala humana, lo cual exige a su vez un alto grado de educación para todos, una educación en la que la excelencia y la ética coincidan. Resulta extraño que el tema de la educación no sea de mayor interés para los dos protagonistas en la mesa de negociaciones: ninguno de los 6 puntos lo toca explícitamente.
El tema de los diálogos y las negociaciones debería ser, y lo es, de trascendental importancia para la comunidad que comparte el ancho territorio cubierto por la universidad de la Nación. Algunas de sus sedes están en zonas de conflicto; el conflicto, por otra parte, ha afectado profundamente la historia de nuestra Alma Máter por más de medio siglo. Por estas y otras razones, quiero referirme explícita y brevemente a un asunto en apariencia puntual, estrechamente relacionado con el anterior, que debería interesar por igual a todos los estamentos universitarios. El estudiantil podría ser el más beneficiado si tomara conciencia del problema en su conjunto: ello permitiría ahorrar también una porción significativa del presupuesto de la universidad, pudiéndose invertir esa suma en bienestar estudiantil en particular y universitario en general. Me refiero a las normas mínimas de Convivencia dentro del Campus, agravadas por personas ajenas a los estamentos que lo conforman. Ingenuamente me pregunto por qué nuestros baños, por ejemplo, no funcionan como deberían funcionar. Falta de compromiso, es parte de la respuesta. "Lo que nada nos cuesta..." Cada vez que hay algún tipo de protesta, los bienes muebles y los inmuebles salen mal librados. ¿No puede ocurrir de otra manera? El manejo irracional que a menudo se le da a la protesta crea de paso, con sobrada razón, rechazo en la comunidad fortalecido por los medios, a menudo hostiles a la universidad. Parecería que no hemos manejado inteligentemente esas manifestaciones o emociones. Es innegable que el bienestar se ha deteriorado como consecuencia de un complejo entramado de condicionantes.
Por todo lo anterior, no debería quedar reducida al pequeño grupo de consejeros y sus invitados  la sesión extendida que este jueves 21 de noviembre desarrollará el Consejo Nacional de Bienestar Universitario, último del periodo, en torno al tema de la convivencia dentro del Campus. Los invitados son nuestros destacados y reconocidos especialistas en estos asuntos, y sus reflexiones deberían generar otras que nos lleven a aprovechar los "Diálogos de Paz" para que nuestra crítica sea más constructivas, más proactiva que reactiva.

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